Un estudio científico publicado recientemente en la revista Nature, bajo el título «Las imágenes satelitales revelan una creciente volatilidad en la actividad nocturna humana», pone de manifiesto una tendencia preocupante: las noches en la Tierra se están volviendo significativamente más luminosas debido al aumento de la iluminación artificial. Basándose en el análisis de más de un millón de imágenes de satélite, los investigadores concluyeron que, entre 2014 y 2022, el planeta se volvió aproximadamente un 16 % más luminoso durante la noche. Este aumento no se produce solo en las grandes áreas urbanas: se está extendiendo a nivel mundial, incluyendo regiones que antes estaban menos iluminadas.

 

Un fenómeno global

 

El aumento de la luz artificial nocturna es uno de los principales factores que impulsan la contaminación lumínica, un problema medioambiental cada vez mayor que afecta no solo a la observación del cielo estrellado, sino también a los ecosistemas y a la salud humana. Diversos estudios han demostrado que la luz artificial altera los ciclos naturales de las especies nocturnas, interfiere en los patrones de migración y reproducción, y puede afectar al sueño y al bienestar de las poblaciones humanas. Además, la expansión de la iluminación dificulta la preservación de los cielos oscuros, un recurso natural cada vez más escaso.

 

A pesar de la tendencia global al alza, algunas regiones de Europa comienzan a mostrar señales alentadoras. La implementación de políticas públicas y estrategias de iluminación más sostenibles ha contribuido a reducir o estabilizar los niveles de luz artificial en ciertos territorios, mediante el uso de iluminación dirigida y eficiente, la reducción de la intensidad luminosa durante las horas nocturnas y la adopción de tecnologías menos perjudiciales para la biodiversidad.

LIFE Natura@night: proteger la noche en Macaronesia

 

En la región de Macaronesia, el proyecto LIFE Natura@night trabaja activamente para mitigar los efectos de la contaminación lumínica. El proyecto se centra en la protección de la biodiversidad nocturna, promoviendo la sensibilización sobre el uso responsable de la iluminación artificial, la implementación de buenas prácticas de iluminación y la colaboración con entidades locales para preservar hábitats sensibles. Al devolver a la noche su equilibrio natural, se contribuye no solo a la conservación de la naturaleza, sino también a la calidad de vida de las comunidades.