Las aves marinas de Madeira se enfrentan a numerosas amenazas que ponen en peligro el éxito reproductivo y la supervivencia de sus colonias. Entre los depredadores introducidos, la pérdida de hábitat y las especies invasoras, los ecosistemas insulares se vuelven especialmente vulnerables al impacto de la actividad humana. Algunas de estas amenazas pasan desapercibidas, pero pueden provocar cambios significativos en el equilibrio natural de estos ecosistemas.
Entre estas amenazas destaca la hormiga argentina (Linepithema humile), originaria de Sudamérica y presente hoy en día en diversas regiones del mundo debido al transporte accidental de mercancías y plantas. Considerada una de las especies invasoras más problemáticas a nivel mundial, esta pequeña hormiga se distingue por su enorme capacidad de adaptación y dispersión.
La especie forma «supercolonias» compuestas por múltiples nidos interconectados y miles de individuos, lo que le permite ocupar rápidamente grandes áreas. Además, presenta un comportamiento altamente agresivo, compitiendo con especies nativas por el alimento y el territorio y provocando profundos cambios en los ecosistemas donde se instala. Su presencia puede reducir la diversidad de artrópodos nativos, alterar las cadenas alimentarias y afectar al equilibrio ecológico de hábitats particularmente sensibles, como los ecosistemas insulares.
En Madeira, la presencia de esta hormiga puede suponer un riesgo para las aves marinas que anidan en el archipiélago. Especies como la alcatraz pasan gran parte de su vida en el mar y solo regresan a tierra durante la época de reproducción. Al haber evolucionado en entornos insulares sin depredadores nativos, muchas de estas aves presentan una menor respuesta antipredatoria frente a especies introducidas, lo que aumenta su vulnerabilidad. Como resultado, los nidos situados en el suelo o entre grietas rocosas quedan especialmente expuestos a la presencia de especies invasoras.
Estudios realizados anteriormente en otras islas demuestran que la hormiga argentina puede invadir los nidos en gran número, atacando a las crías recién nacidas y concentrándose en zonas sensibles como los ojos, las fosas nasales y la piel. Además de las lesiones físicas, la presencia constante de estas hormigas provoca altos niveles de estrés y perturbación en las aves adultas y juveniles, lo que puede llevar al abandono de los nidos y comprometer el éxito reproductivo de las colonias. La elevada capacidad de dispersión de la especie y la dificultad para controlarla hacen que su detección precoz sea especialmente importante para la conservación de las aves marinas.
Con el objetivo de comprender mejor esta amenaza, el proyecto BESTLIFE2030 STOP Predators está realizando un seguimiento de las colonias de aves marinas, con el fin de identificar la presencia de especies invasoras y evaluar sus posibles impactos sobre este grupo de animales.
Entre las metodologías utilizadas se encuentran las trampas de caída, una técnica ampliamente utilizada en el seguimiento de artrópodos terrestres. Estas trampas consisten en pequeños recipientes colocados a nivel del suelo que permiten capturar insectos y otros organismos que circulan por la superficie, como las hormigas. Mediante esta técnica, es posible recopilar información sobre la presencia y distribución de especies invasoras en las áreas monitoreadas.
Los resultados preliminares del proyecto ya han permitido detectar la presencia de la hormiga argentina en dos colonias de aves marinas monitoreadas en Madeira. Esta detección representa un paso importante para comprender la magnitud de la amenaza y respaldar futuras medidas de mitigación y conservación.
Conocer las amenazas que afectan a las aves marinas es esencial para garantizar la protección de estos ecosistemas únicos. El seguimiento continuo y la implementación de medidas de conservación pueden ser determinantes para minimizar los impactos de las especies invasoras y preservar la biodiversidad marina de Madeira.