Durante la noche, es habitual observar mariposas nocturnas y otros insectos volando insistentemente alrededor de farolas, ventanas iluminadas o focos de luz artificial. Este comportamiento, a menudo interpretado como una simple atracción por la luz, es en realidad un fenómeno complejo. Aunque todavía no existe una explicación definitiva, se sabe que la iluminación artificial interfiere profundamente en los mecanismos naturales de orientación de estos insectos.

A lo largo de su proceso evolutivo, las mariposas nocturnas han desarrollado la capacidad de orientarse mediante fuentes de luz naturales, como la luna y las estrellas, ajustando la posición de su cuerpo durante el vuelo y manteniendo un ángulo constante con respecto a estas referencias celestes, lo que les permite volar en línea recta. Con la aparición de la iluminación artificial, estas estrategias de orientación se vuelven ineficaces, debido a que existen múltiples fuentes de luz artificial a diferentes alturas e intensidades, lo que las lleva a vuelos circulares, aproximaciones repetidas a la fuente de luz o incluso a colisiones y caídas.

 

La presencia prolongada cerca de las luces artificiales hace que las mariposas nocturnas gasten una energía preciosa que debería utilizarse para buscar alimento, reproducirse o dispersarse por el territorio. Además, se convierten en presas fáciles para depredadores como murciélagos, aves o arañas, que han aprendido a explotar estas concentraciones artificiales de insectos. Este desequilibrio afecta no solo a las mariposas nocturnas, sino a todo el ecosistema nocturno, incluidas las plantas que dependen de la polinización que se produce durante la noche.

 

La contaminación lumínica se reconoce hoy en día como una amenaza creciente para la biodiversidad nocturna. Reducir las luces innecesarias durante la noche, optar por una iluminación más dirigida y evitar las lámparas de alta intensidad son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia. Proteger la oscuridad natural es también una forma de proteger la vida que depende de ella: silenciosa, discreta y esencial para el equilibrio de los ecosistemas nocturnos.